El autor y editor vallisoletano publica 'Tiempo de respuestas', un libro en el que hace eternas preguntas a través del diálogo con filósofos, escritores y el lectorMARÍA AURORA VILORIA-VALLADOLID
Alberto Martín Baró (Valladolid, 1939) ha pasado su vida rodeado de libros como editor en Guadarrama, Miñón y Santillana y traductor de numerosas obras del alemán, inglés y francés. Era una forma de dar salida a la vocación literaria, que sin duda heredó de su padre, Francisco Javier Martín Abril, y que materializó en 1966 con la publicación de un ensayo, 'Meditación sobre la ciudad', a los que siguieron, muchos años después, 'El cuaderno de San Rafael' (2004) y 'Apuntes al oeste de Guadarrama' (2006), vivencias y reflexiones en torno a El Espinar, pueblo de la Sierra donde reside, en contacto con la naturaleza que tanto ama. A ellos se ha unido 'Tiempo de respuestas', en el que se plantea las eternas preguntas sobre el sentido de la vida en un coloquio con los grandes filósofos, novelistas, poetas, historiadores y el lector, al que invita a participar activamente en el singular debate, trazado con un atractivo e inimitable estilo. El mismo de que hace gala en los artículos de prensa que ha escrito a lo largo del tiempo y ha convertido luego en columna semanal en 'El Adelantado'.
-¿Ha llegado para usted el tiempo de las respuestas?
-Con el libro he querido plantearme una serie de preguntas para poder darlas respuesta sobre asuntos cruciales que en el fondo se pueden resumir en qué somos, adónde vamos, de dónde venimos. Para mí el detonante ha sido la jubilación, pero para otros la necesidad de hacerlo puede surgir de una enfermedad, una operación, un despido o un cambio de trabajo, que te obligan a reflexionar sobre qué pintamos aquí.
-¿Pretende, por tanto, buscar un contenido trascendente a la vida?
-Manuel Vicent dice que el hombre es una breve aventura, una quimera sin sentido, y a mí me parece una afirmación muy corta, ya que hay otras características que se expresan en el afán de trascender.
-Dedica varios capítulos a Dios, pero no basa sus argumentos en la religión.
-Sí, dedico varias páginas a Dios, Jesucristo y la Biblia, pero no en la línea trascendente y mucho menos dogmática a la que nos tiene acostumbrados la religión. Como no sé qué o quién sea Dios, no puedo afirmar si creo en él. Estoy convencido de que las diferentes religiones no son sólo creaciones humanas, sino producto cultural e ideológico de un pueblo o una comunidad. Y es más, que desde fuera de ellas no es posible ni entender esa fe ni participar. Pero aunque no sepa si creo en Dios, hay un personaje que me merece admiración y credibilidad, Jesús de Nazaret, quien cifra el éxito de la vida de un hombre en cómo se haya portado con el hermano.
-Sin embargo, coincide con Pascal en que buscar a Dios hace mejor al hombre.
-Pascal dice que en el caso de que quien apueste por Dios no consigan un bien infinito, será «fiel, honrado, humilde, reconocido, bienhechor, amigo sincero, veraz». Hace tiempo que me pregunto qué sería de Dios si nadie creyera en él. Porque quizá Dios no sea más, aunque tampoco menos, que esa profunda corriente que circula por las capas freáticas de la humanidad y que impulsa a los hombres a buscar la justicia, la igualdad, la fraternidad, la verdad, frente a otros impulsos que nos inclinan al egoísmo, a la agresividad, a la dominación del otro, al odio, a la venganza o a la falsedad. Es decir, es un modelo para nosostros mismos de pensamiento y conducta.
-Si el fin último es conseguir la felicidad, ¿dónde se encuentra?
-La felicidad es importantísima, aunque quizá esté más en ser que en tener. Sin embargo, entre los motivos para ser felices están el amor, la amistad, el trabajo bien hecho o el contacto con la naturaleza que te aporta serenidad y tranquilidad.
-Usted da además unas simples recetas para luchar contra la infelicidad.
-Son esas armas cotidianas que tenemos al alcance de la mano, pasear por el bosque, asomarnos al balcón, reírnos de lo ridículos que somos, recorrer la ciudad, jugar al mus con los amigos, sentarnos en una terraza, ver esparates y, sober todo, tener confianza.
-A pesar del título, son más las preguntas que plantea que las respuestas que ofrece.
-Porque el objetivo es plantear nuevas inquietudes para provocar la reflexión sobre las cuestiones que nos inquietan a todos, por lo menos en algún momento, a través de un diálogo con filósofos, escritores o con el lector y desde un lenguaje asequible a todos.
-Aparte de un libro hace más de cuarenta años, ha empezado a publicar ahora, ¿es de vocación tardía?
-Todo lo contrario, siempre he querido escribir, probablemente por herencia paterna. Por eso empecé a trabajar en editoriales, aunque pronto me di cuenta de que mi labor consistía en corregir los textos de otros. Por eso, al llegar la jubilación he podido dar salida a mi auténtica vocación.
-Hoy se cumplen 19 años del asesinato de seis jesuitas en El Salvador, entre ellos su hermano Ignacio, ¿qué opina de la querella presentada contra el ex presidente Cristiani?
-Acabó de publicar un artículo en recuerdo de mi hermano y los demás mártires de El Salvador, entre ellos Segundo Montes, y aunque en este libro no hablo de ello, en 'El cuaderno de San Rafael' dedico un capítulo a Nacho. Truncaron la vida de unos hombres que lo dieron todo por los más desfavorecidos. La querella la ha presentado la Asociación Pro Derechos Humanos de España y nosotros no la hemos firmado porque los jesuitas de la UCA quieren plantear una acción similar desde El Salvador, aunque no se oponen a la actuación de la Asociación. Por supuesto que me parece muy bien, porque todos los culpables están en la calle. Sólo dos fueron condenados y a los 12 días entró en vigor una amnistía general.

Foto Estudio 1826


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