Visita a Jess Torres, en Mozambique

31 julio 2008
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Uno de los muchos proyectos de cooperación abortados; en las instalaciones del fondo hay un molino de maíz que nunca ha funcionadoKupfunana, un viaje que no termina

Juan Andrés Sáiz Garrido-ElEspinar.Info

      Kupfunana es una palabra de uno de los dialectos mozambicanos, el changana, cuya traducción al castellano es algo así como “ayudarse unos a otros”. He regresado de Mozambique hace casi un mes y la experiencia no se me diluye en la memoria con la facilidad de otros viajes. Antes de ir, había hablado muchas veces con Jesús Torres de cómo era el África Subsahariana y sus gentes, también había intentado prepararme con libros, películas, documentales e, incluso, participé en un curso de cooperación para sanitarios.

 
     Jesús Torres, Juan Andrés y Vicente Berenguer en la casa parroquial de Resano García; al rato aparecerán los monos con los huevos azules que se comen la papayas del patio.Pues bien, aunque esa información previa siempre viene bien, el choque con la realidad ha superado por arriba y por abajo lo que había imaginado, porque las cosas verdaderamente importantes de la vida –y esta lo ha sido para mí- hay que vivirlas en primera personas, no vale demasiado que otros te las cuenten. En coherencia con la reflexión anterior, supongo que de poco podrán valerles mis experiencias personales a los distintos lectores, por mucha pasión y elocuencia que ponga aquí al escribirlas.

     Marché a Mozambique con la duda existencial sobre qué es lo que empuja a algunas personas a dejar las comodidades de un país desarrollado como España y embarcarse en un viaje, sin billete de vuelta concreto, para vivir en un lugar lejano, con unas gentes distintas y envuelto por una cultura notablemente ajena. En el caso de Jesús Torres creo interpretar que la respuesta está en su fe religiosa y en la concepción que él tiene del Evangelio como entrega a los más necesitados, llevada hasta sus máximas consecuencias: “Déjalo todo y sígueme”.

Foto espontánea tras la misa en uno de los poblados donde se construyen los consultoriosLA SALUD, LO PRIMERO
     Otra de las razones importantes del viaje fue comprobar el verdadero estado de salud de Jesús, pues unas fotografías recientes, en las que aparecía bastante delgado, nos habían alarmado a su hermano y a mí; afortunadamente, esas fotos fueron tomadas el verano de 2007, cuando Jesús se reponía de una nueva infección de malaria, pero lo primero que pude comprobar al llegar a Maputo es que ya está reestablecido y con una salud razonablemente buena. Junto a esta grata noticia, también me traigo la satisfacción de haber conocido a dos compañeros de Jesús, Vicente Berenguer y Pepe Casas, dos misioneros que viven a un par de horas de camino de Sabie, en la ciudad fronteriza de Resano García. Periódicamente se visitan unos a otros, intercambian impresiones y recargan el depósito de la ilusión. Pepe es de Zamora, de la misma edad que Jesús, 63 años, y su perfil es de hombre serio, meticuloso y ordenado; Vicente tiene 71 años, lleva en Mozambique desde 1967, ha conocido la cárcel con los portugueses y luego con la FRELIMO (Frente de Liberación de Mozambique), pero esto no ha mermado su personalidad entusiasta, su jocoso sentido del humor, su amor al cine y la ilusión de “jubilarse cuando sea mayor” para vivir un merecido descanso en su tierra, Valencia, junto a su familia. Ambos tiene la buena costumbre de no desconectarse de España; cuando visité a Vicente en Resano, Pepe estaba en Madrid. Creo que Jesús también acaricia la idea de regresar algún día a España, para disfrutar de una jubilación bien ganada al lado de su hermano. Pero de momento, hasta el verano de 2009 no tiene previsto venir de vacaciones.

"Me la pido".POR FIN, UN BUEN COCHE
     En resumen, Jesús se ha construido con mucho esfuerzo una casa más que digna, está bien alimentado y atendido, dispone de buenos colaboradores, a lo que a veces exige demasiado; por primera vez en su vida, dispone de un buen coche, un Toyota “todo terreno” cedido por don Luis Gutiérrez, el anterior obispo de Segovia; y, además, cuenta con el apoyo de dos compañeros cualificados, los mismos que le recibieron en el aeropuerto de Maputo el día 5 de enero de 1985. Ya ha llovido desde entonces, pero el tiempo no le ha cambiado ese carácter machaconamente riguroso ni ha suavizado sus conocidos cabreos cuando algo o alguien le intenta mover la línea que se ha marcado. Como no puede morder al prójimo, se muerde solo. Genio y figura. La vigencia de ese carácter es la mejor prueba de que está bien de salud.  

Queja colectiva de las mujeres de Sabie en el local de la iglesia rehabilitada por Jesús: "Nuestros maridos no hacen más de beber y beber":APOYO MULTICOLOR
     Fui también a Mozambique con el propósito de evaluar el estado de ejecución de proyecto Kupfunana “Sanidad itinerante”, del que ya os he contado algunos detalles y que consiste, básicamente, en la construcción y puesta en funcionamiento de diez consultorios básicos de salud en una dilatada comarca que carece de este servicio elemental. Para financiar este proyecto (edificios, material sanitario y personal de enfermería), Jesús cuenta con la ayuda del Ayuntamiento de El Espinar, Caja Segovia, diversos colectivos de las localidades en las que estuvo (Pinillos, Hontalbilla, El Espinar, La Estación, La Albuera de Segovia…) y amigos personales que colaboran en las famosas cuentas de Caja Segovia para los proyectos de Jesús Torres en Mozambique. También existe un grupo muy activo y eficaz en Gijón, encabezado por Ángel María Galicia, primo de Jesús Torres, que trabaja para conseguir la colaboración de diversas que esponsorizan al equipo de rallies del famoso piloto Luis Climent, varias veces campeón de España de rallies y campeón del mundo de Grupo N, quien ha aportado directamente 6000 euros al proyecto, a través de la empresa “Automociones Requenenses, S.A.” El equipo de Rallies “Luis Climent” está formado por Ricardo Ranero, Antonio Lozano, Vicent Domenech, Miguel Delgado, Guillermo Pérez y el propio Ángel M. Galicia. Todos están muy comprometidos con el proyecto de Jesús Torres y hasta tienen previsto rotular con la palabra “Kupfunana” el prototipo que Climent pilota en las competiciones deportivas.

     A todos y cada uno puedo decirles que Jesús lleva una contabilidad cuidadosa y escrupulosamente detallada de todo cuanto recibe e “invierte” (en cosas superfluas gasta muy poco, si exceptuamos el tabaco que fuma). Mensaje anticipado para la Caja y el Ayuntamiento de El Espinar: las perras que sueltan se están multiplicando.

 El agua del río Sabie es la vida de esta región, pero también puede ser la muerte si no se depura.BUEN TRABAJO
     Me atrevo a decir que, en menos de un año de trabajo, el fruto material es sobresaliente: ha rehabilitado un caserón que estaba en ruinas, lleno de excrementos de murciélagos, hasta transformarlo en una hermosa y austera mansión que allí es conocida como “la misión de Sabie”; ha levantado la que estaba hundida y en la parte posterior, adosadas al templo, ha construido también las cuatro salas del primer consultorio; en tres poblaciones ya están muy avanzadas las de los siguientes dispensarios. Tras mi llegada, ya dispone de una buena remesa de medicamentos con la que dotar los respectivos botiquines; tuve suerte en poder pasar la aduana sin pagar impuesto alguno; las medicinas ocupaban varias maletas y me las facilitaron las dos farmacias de El Espinar, la de Goyo, en el San José, y la militar de Burgos, ésta gracias a la mediación de Antonio Tocón y Fernando Gil, mandos de la Guardia Civil de Segovia; también le llevé algunas ayudas económicas que me entregaron varias familias amigas y, además, el cariño de más de un centenar de personas me dieron varias cartas y me enviaron sus testimonios a mi correo electrónico.  Otro detalle muy importante es que, el mismo día que yo llegué a Mozambique, el Ministerio de Salud firmó el convenio de colaboración para recepcionar los diez consultorios y dotarlos de personal de enfermería una vez que estén terminados.
Como en la novela de Miguel Delibes, el bichero acaba de cazar una rata de agua en el río; dice que su carne es exquisita.
UNA LUCHA DIARIA
     Pero levantar unas sencillas instalaciones sanitarias en Mozambique es una lucha diaria; no sólo porque construir allí puede resultar más caro y engorroso aún que en España, aunque este sería el camino más sencillo: encargar a una empresa constructora las obras, pagar lo que cuesten y luego ponerse a funcionar. Uno de los problemas que he podido constatar es que los mozambicanos están bastante maleados por los vicios de la cooperación occidental, se han acostumbrado a que todo se les dé gratis, sin esfuerzo, por lo cual tampoco valoran como propios muchos de los proyectos solidarios que les regalan los países desarrollados y, una vez hechas las fotos de rigor para justificar el gasto en las respectivas instituciones patrocinadoras, resulta demasiado habitual que los proyectos humanitarios caigan pronto en el abandono y la ruina total. De aquí que nuestro amigo Jesús, para intentar que los consultorios puedan tener una proyección de futuro, se haya marcado como objetivo fundamental que los edificios se levanten con el trabajo solidario y comunal de los futuros usuarios. “Sólo se valora aquello que somos capaces de hacer con nuestro esfuerzo”, parece que este es el lema que le mueve a Jesús y que resume en la palabra Kupfunana.

Jesús Torres y Tatán Saiz Lobo con los guardas de la Reserva Natural de Sabie.ES UNA LATA TRABAJAR
     No es empresa fácil conseguir que los mozambicanos de la tribu changana trabajen sin conseguir algún provecho inmediato a cambio, entre otras cosas porque hombres en edad de trabajar no hay demasiados, pues muchos de ellos emigran ilegalmente a Sudáfrica, país vecino donde últimamente no ven con buenos ojos la llegada de masiva de inmigrantes, también negros pero de otros países. Las imágenes que todos hemos visto en los telediarios son elocuentes.

     “Kupfunana, kupfunana”. Jesús no para de repetir de forma machacona esta palabra en las reuniones que hemos tenido con las distintas comunidades donde se van a levantar los consultorios. La lucha dialéctica es dura; a mí me invitan también a dar mi opinión en algunos actos; hablo en el único idioma que sé, esbozo algunas palabras en portugués, repito la palabra clave “Kupfunana”, gesticulo mucho y Jesús traduce mis mensajes al changana. No sé lo que les habrá dicho pero el caso es que al final me dan muchos abrazos y me regalan una gallina; en otros poblados, tras las reuniones o la misa, nos invitan a comer en sendas cabañas.

      Así es África: una mujer trabajando, un niño descalzo, tracción a las cuatro patas y tecnología punta adaptada.Jesús procura diferenciar bien lo que es su labor apostólica del proyecto humanitario: la eucaristía y la iglesia es para lo que quieran acercarse a ella (se estima que los mozambicanos católicos están entre el 15 y el 20 % de la población) y los consultorios, que ellos llaman “hospital”, han de ser para todas las personas de la vasta comarca de Sabie, sin importar demasiado que crean en Cristo, Alá, en algunos de sus Dioses o en nada.

EL MOTOR DEL CONSUMO
     Resumir en un artículo todo lo que he vivido es tarea imposible. De entrada, he pasado muchos días con la cabeza dándome vueltas en torno a las muchas contradicciones con las que me he topado, unas positivas, otras decepcionantes y pocas indiferentes. Intentaré aclarar mis ideas y comprimirlas. La zona rural en la que vive Jesús está en el noroeste de Maputo, la capital, a unos 90 kilómetros. La comunicaciones son malas, unos senderos sin asfaltar que aquí llamaríamos caminos rurales y que en la época de lluvias son difíciles de transitar con un coche. No hay red de abastecimiento de agua, salvo algunas insuficientes fuentes públicas, ni red de alcantarillado, tampoco existen los servicios sanitarios más elementales, la escuela tiene escasamente cinco años, es de adobes y su aspecto es lamentable… pero, eso sí, buena parte de la población tiene teléfono móvil. Muchos niños van descalzos y medio desnudos, mientras otros (o acaso sean los mismo) lucen zapatillas de marca y con los nombres de futbolistas africanos y europeos. El sistema de pago de la luz eléctrica para las casas y chozas es de prepago, de aquí que muchas tengan instalación eléctrica pero no luz. Algunas de las chozas en las que viven los nativos son la mínima expresión: techo y paredes de mimbre, suelo de tierra y una letrina sin desagüe. En el campo, esta imagen es muy habitual.

     ¿Y de qué vive Mozambique? En los libros pone que tienen minas, agricultura, pesca, cementeras, un incipiente… Yo no he visto casi nada de eso, y me atrevo a decir que Mozambique es un país que produce muy poco y que vive de “de milagro” y de la caridad de occidente, o sea, de lo que ahora llamamos cooperación. También vive –sobre todo- del trabajo de sus mujeres, que además de recabar agua y leña, hacen la comida, crían a la prole, cuidan el o trabajan la huerta. Algunos hombres también trabajan, aunque procuran hacerlo a su ritmo, y son bastantes los que están enganchados al alcohol (aguardientes caseros, ginebra, güisqui…). El alcohol es, como en casi todo el mundo, la droga más generalizada; y es muy posible que no haya productos frescos en la pequeña tienda, pero seguro que hay ginebra “Tentaçao”, Coca-Cola, cerveza y todos los cachivaches de importación China.                                                  

“TRABAJAR COMO UNA NEGRA”
     Si la mujer para, África se muere.El topicazo ese de que “hay que trabajar como un negro para poder vivir como un blanco” es mentira; cualquier español normal trabaja mucho más que cualquiera de los mozambicanos que he podido conocer, pero no que una mujer. La vida se mueve en Sabie gracias a sus mujeres, que sufren, por añadidura, unas vejaciones mucho más extremas que las del machismo secular que conocemos en España. En África, en Mozambique, más que machismo, hay una degradación de la condición de la mujer a un nivel muy inferior, cosa que es asumida de forma generalizada, por cultura y tradición. Como ejemplo revelador, tomemos como reflexión el alto porcentaje de mujeres que padecen SIDA, ¿y cómo se han contagiado?, pues la gran mayoría de ellas por vía sexual, a través de las laceraciones que se producen en la vagina por una relación sexual forzada, o sea, por una violación. Para una mozambicana, denunciar una paliza, una agresión o una violación puede ser tarea absurda y estéril.

     Desde el punto de vista administrativo o político, Mozambique deja muchísimo de desear (esta expresión es muy suave, pero es la que me ha sugerido Jesús). Tras la independencia de Portugal, en 1974, y el final de la Guerra Civil, en 1992, el Frelimo actúa como partido único, aunque hay una democracia oficial, una economía de mercado y otro partido en una oposición residual, la Renamo. La dejadez, la facilidad con la que se hacen viejos muchos proyectos, el autobombo oficial, la corrupción que se palpa o la inseguridad en la capital hacen que un español entienda como razonablemente bueno el sistema de democracia burguesa que vivimos en España, donde existe el sano mecanismo de la crítica política y la acción renovadora de la alternancia en el gobierno de las instituciones.

     En las zonas más rurales como Sabie, la autoridad real descansa sobre “el régulo”, una especie de patriarca que hereda el poder de sus antepasados y que dicta justicia entre los pobladores de su tribu sobre todo tipo de cuestiones. También tienen gran poder de influencia los hechiceros y, por consiguiente, económico; a ellos recurren muchas de las personas para intentar resolver sus dudas existenciales: ¿Por qué ha muerto mi marido? ¿Quién me ha echado mal de ojo? En fin, como la superchería de la España profunda, pero llevada a los últimos extremos.

EL RITMO DE ÁFRICA
     Siendo universales las emociones que empujan al hombre a vivir y convivir, es evidente que los mozambicanos tienen otra forma de administrar su tiempo, sus ambiciones, su trabajo, sus criterios de producción o la previsión de su futuro. Intentar hacerlos ver que es más razonable resolver el abastecimiento de agua con un viaje colectivo es trabajo inútil; las respectivas mujeres no gastan gasoil y el tiempo que emplean en sus viajes no les cuesta nada.

     Me ha llamado notablemente la atención la belleza de los niños, la expresividad de sus ojos, la hermosura de algunas mujeres con cuerpo de mimbre, la gracia especial que tienen para el ritmo y el compás, la picaresca innata para “enamorar” al blanco, la frescura de sus relaciones, la teatralidad espontánea de sus actos, la calma con la que se toman los problemas, la facilidad con la que caen en las trampas del consumo, la irrefrenable ambición de traspasar fronteras y triunfar en Europa como Etó o Drogba… Y siempre todo a su ritmo. Jesús, que cuando estuvo en Segovia siempre solía pecar de impaciente, ahora se suele cargar de tolerancia y define esa pachorra con una frase: “Es el ritmo de África”.

     La frontera con Sudáfrica influye notablemente en la economía y en la vida real de Mozambique, que hasta asumió la norma de conducir por la izquierda en las . Desde el punto de vista económico, Sudáfrica y Mozambique son dos mundos distintos. Al pasar la frontera de Resano García, dejas el paisaje árido de unos campos sin cultivar y unas calamitosas para entrar en un espacio diferente, con , urbanismo racional, grandes campos cultivados, el famoso Kruger Park…

Aula de informática de un instituto de Resano García, fruto de uno de los proyectos gestionados por Vicente Berenguer y Pepe Casas.LA PAZ
     En Mozambique se valora de forma muy positiva la paz. Una guerra civil es el peor de todos los males que puede sufrir un país africano, y en ella estuvo sumida Mozambique desde la salida de los portugueses en 1975, hasta que se firmó la paz en 1992. Desde entonces no se ha disparado un solo tiro, y las únicas víctimas colaterales son las producidas por las minas que quedaron enterradas. Las únicas tensiones latentes son las eternas diferencias entre las numerosas tribus; y ahora, el rechazo violento de los nativos sudafricanos a los inmigrantes negros, entre ellos muchos mozambicanos.

     He buscado en mis compañeros de viaje, Jesús y Tatán, respuestas a muchas de las contradicciones que me encontraba. Jesús tiene la perspectiva de 23 años en esa tierra y confiesa que no siempre la ha interpretado de la misma manera. No nos hemos cansado de charlar, y eso de que las hemos echado muy largas: yo le preguntaba por las cosas de allí y él a mí por las de aquí. Al ver la indolencia de algunos nativos para implicarse en los trabajos para construir los consultorios, le recordé el espíritu solidario y participativo de la gente de La Estación de El Espinar en proyectos colectivos como la explotación de La Panera, la urbanización de la plaza o la construcción del local de la Asociación Familiar. ¡Yo me esperaba una entrega similar! Y Jesús me contestaba con rabia: “Ese espíritu solidario existía aquí también; no sé qué está pasando para que se pierdan valores como estos”.

EXPERIENCIA EXCEPCIONAL
     Poder hablar con un hijo fuera del contexto habitual, rodeado de unas circunstancias tan ajenas, implica una experiencia excepcional, además de comprobar –para mi satisfacción- que la capacidad técnica e intelectual de mi hijo, a la hora de interpretar la multitud de sucesos nuevos y sorprendentes que surgían, era mucho mayor y más cualificada que la mía. Tiene guasa la cosa; para poder mantener una conversación fluida con uno de mis hijos, resulta que me tengo que ir a Mozambique.

     Respecto a la eficacia de la ayuda internacional, Tatán se mostraba partidario de una solución tajante: “La cooperación a la larga es contraproducente; es pan para hoy y hambre para mañana; los mozambicanos sólo saldrán de su miseria con su propio esfuerzo; no se trata de enseñarlos a pescar -ellos saben, lo que pasa es que lo hacen a su aire- y peor solución es regalarlos el pescado; lo que hay que hacer es ayudarles a desarrollar sus materias primas y abrirles los mercados de par en par, pero no para llenarles el país de productos superfluos, sino para que los suyos tengan posibilidades y valor fuera”.

Estas escuelas no tienen más de cinco o seis años.VIVIR DE LA MISERIA DE ÁFRICA
     El padre Vicente Berenguer, sin perder nunca la sonrisa, denunciaba: “Con la miseria de África y Mozambique hay mucha gente que vive muy bien; aquí y allí”. Luego nos relataba muchos ejemplos difíciles de refutar y colocaba en la cúspide del mamoneo a los representantes de las grandes siglas: ONU, UNESCO, FAO…

     Generalizando, interpreto que la principal diferencia entre la cooperación de una ONG y la labor de los misioneros en que la presencia de los cooperantes en estos países suele ser temporal, mientras que los curas y las monjas se quedan en el país y su compromiso se prolonga en el tiempo. Presumo en todos ellos la bondad de sus primeras intenciones, aunque los intereses de unos y otros pueden ser distintos.

     En la capital visité a Juan Carballedo, un traumatólogo que estuvo en Segovia y que ahora es Jefe de Servicio de Traumatología del Hospital General de Maputo, desde hace 19 años. Le pregunté sobre qué le había sujetado en Mozambique, y me contestó que la vida, o sea, una mujer mozambicana con la que se casó y que ahora es la madre de sus hijos. También me confesó que seguía cobrando como médico cooperante de España y que, además, completaba su economía trabajando en una ONG, el Consejo Interhospitalario de Cooperación (CIC). La otra doctora segoviana que estuvo en Maputo varios años, Cruz Ciria, ahora es la Coordinadora General de la Cooperación de España en Etiopía, y vive en Addisa Abeba. Por un motivo u otro, ambos se han quedado en África.

“HACER COSAS CON LA GENTE”
     Jesús insiste, una y otra vez, en que la clave de la cooperación está en conseguir que la gente se involucre y colabore, para que los nativos sientan como suyas las cosas que se hagan; por eso vuelca su esfuerzo en proporcionarlos lo que no tienen (materiales), pero dice que ellos deben poner lo que tienen (su propio trabajo). Lo explica así: “Conseguir esto es lo que más nos va costando, pues la gente de aquí piensa que “el blanco” lo tiene todo y que ellos sólo tienen que pedirlo. Por ahí ya les he explicado que no paso, y si ellos no ponen su trabajo, no haremos nada”.  Me lo dice muy serio, y yo me río; sé que los consultorios y otras instalaciones se van a terminar construyendo, aunque “al ritmo de África”.

     Respecto a las ONGs, piensa que muchas de ellas llegan a Mozambique, construyen cosas en las que los mozambicados no se implican, se las dan hechas, y cuando la ONG se va, todo se viene abajo y en poco tiempo no sirve para nada. No deja de machacar en su tesis: “No hay que hacer cosas para la gente sino con la gente”.

     Por eso –según las propias palabras de Jesús Torres-, el proyecto va más allá de la construcción de unos consultorios básicos; queremos conseguir que los habitantes de esta región tomen en serio el tema de su salud y se cree entre ellos un espíritu comunitario de mutua colaboración y ayuda, para que eso pueda tener futuro. Construir el consultorio es simplemente crear una estructura mínima y digna, que posibilite el hecho de que los nativos de esta zona se interesen por resolver el escalón más simple de sus problemas de salud. Este ha de ser el punto de partida, la base para que luego hagan muchas más cosas y el camino para ser personas más libres.

LA CLAVE DEL AGUAEsta bomba de agua no funciona; se averió o simplemente le falta gasolina. Como es de todos, no es de nadie, y nadie la repara.
     Cuando amanece, en torno a las 6 de la mañana, las mujeres aparecen por los distintos caminos, con un cántaro en la cabeza y un niño en un capacho de tela sujeto a la espalda, camino del río para recoger agua. A lo largo del día repetirán todos los viajes que sean precisos en busca de agua o de leña. No pierdas el tiempo en intentarles explicar que hay formas más racionales de conseguir y gestionar el abastecimiento de agua, porque su tiempo es suyo, no les cuesta nada y lo administran como les viene en gana, o sea, como hace siglos. He visto de cerca los efectos del SIDA y la malaria, pero la principal causa de muerte infantil es el agua contaminada.

     Jesús, por su parte, recoge agua del río Sabie en un depósito de 1000 litros, lo transporta en la trasera de su coche, lo bombea a un depósito colocado bajo el tejado, lo depura con un producto químico y así dispone de agua estéril para beber, cocinar y ducharse durante más de 15 días. Del mismo modo que muchas personas van diariamente a cargar las baterías de sus teléfonos móviles a los enchufes de “la misión”, puede que se les vaya contagiando la forma que tiene Jesús para abastecerse de agua sana.

     Tras mi regreso de África, el primer viaje que hice fue a la Expo de Zaragoza, que tiene al agua como elemento temático. Tras empaparme de “agua” en la Expo, ratifiqué mi idea de que la solución a los problemas del mundo pobre está aquí, y la respuesta a muchos de los problemas de los países ricos, allí. Son muy necesarios los consultorios que Jesús está levantando, pero lo es mucho más, a mi juicio, asegurar el abastecimiento de agua potable a toda la región. Bien seguro estoy de que, con agua no contaminada en la zona, los consultorios seguirían siendo necesarios, pero mucho menos.

MALARIA, CÓLERA Y SIDA
     La malaria sigue produciendo muchos muertos, sobre todo entre los niños; hay buenos tratamientos cada vez más eficaces para prevenirla y tratarla, pero la vacuna todavía se resiste, aunque los trabajos de investigación del científico valenciano Pedro Alonso, en Maputo y Barcelona, son muy esperanzadores. El Cólera y diversos parásitos intestinales siguen haciendo estragos entre la población.

     En Resano García, de la mano de Vicente Berenguer visité un hospital muy elemental pero bastante digno; en Corumane estuve en otras instalaciones sanitarias que daban pena. Si se pone malo Jesús –pensé- que no lo traigan aquí. 

     En cuanto al SIDA, me ha dado satisfacción comprobar el alto grado de información que existe entre la población joven para practicar sexo seguro con condones, ellos los llaman “camisas”; también he comprobado que los miembros de la comunidad religiosa que he conocido colaboran sin remilgos con las distintas campañas sanitarias de prevención.

     Desde que he venido no he parado de darle vueltas a la cabeza para intentar entender un poco qué es eso de “Kupfunana”, ayudarse unos a otros; y lo mejor que se me ocurre es interpretarlo como un proyecto de ayuda entre blancos y negros, donde algunos blancos colaboran con sus pequeños ahorros, y unos negros, a miles de kilómetros, ayudan a refrescar aquí sentimientos tan necesarios como solidaridad, ayuda, cooperación, humanidad, coherencia, dignidad…

MUCHAS EMOCIONES
     No ha sido un viaje de turismo convencional, pero también hemos tenido la ocasión de ver y fotografiar leones, búfalos, elefantes, hipopótamos rinocerontes, cebras, jirafas, impalas, cocodrilos, primates…, tanto en el Kruger Park de Sudáfrica con en la Reserva Natural de Sabie.

     Pero ha habido más emociones. Para que Jesús pudiera oficiar un entierro, atravesamos el río Sabie de noche, a las 5 de la madrugada, cuando el agua nos llegaba por la cintura; Tatán encontró a una pareja de bicheros cazando ratas de agua en el río Sabie, como en la novela de Miguel Delibes; un elefante casi no atropella cuando invadimos su senda en el Kruger Park; improvisamos una barbacoa de lo más divertida en la ciudad fronteriza de Comati; reímos a carcajadas escuchando por la boca de Vicente Berenguer las anécdotas más divertidas que le han tocado vivir allí, y mucho más con los cabreos que se coge cuando los monos de los huevos azules le roban las papayas de su patio y luego se burlan de él cuando los espanta; tuvimos acceso a las armas y las trampas que utilizan los furtivos para cazar rinocerontes y robar sus codiciados cuernos en la Reserva Natural de Sabie; vivimos una sobrecogedora y espectacular, cuyos efectos nos los iba anticipando Tatán; nos bañamos en las aguas del Sabie, donde dicen que hay cocodrilos, y también en las playas del Océano Índico; hemos comido carne de gacela, las gallinas guisadas que nos regalaron en los poblados, los embutidos “Monte Nevado” que llevé de Carbonero (regalo de Juanjo Torres y Encarna Barahona), camarones del Índico, sofritos y revueltos que me inventé aprovechando los restos que había en la cocina; unos mocosos, antes de pedirme que les invitara a unas cervezas, primero procedieron a engatusarme: “España, España, Castillejo, Champion boxer” (cosas de la tele, que llega a todo el mundo); en el complejo “Coca-Cola” jugábamos al billar americano y apagábamos la sed con cerveza 2M, tampoco combina mal con la tónica la ginebra Tentaçao…

     También, hemos sido testigos de demasiados proyectos de cooperación abortados: un parque de tractores arrinconados y sin funcionar, una bomba de agua instalada para regar las huertas de Sabie que no funciona porque no tiene gasolina o se ha averiado (como es de todos, no es de nadie), un molino de maíz que nunca ha molido nada, una enorme presa hidráulica cuya pantalla se quedó a medio camino desde hace muchos años…

TOCADO Y HUNDIDO
     Todos los días nos levantábamos con el sol (lixile), sobre las 6 de la mañana, y nos acostábamos sobre las 9 de la noche, con tiempo para poder leer en la cama; durante el día llegaba a perder la noción del tiempo, miraba el reloj pensando que era las 12 del mediodía y resultaba que eran las 3 de la tarde. Lo que no tengo son palabras para poder describir cómo es el increíble cielo estrellado de Sabie o sus atardeceres o los primeros rayos de ese sol que sale para todos (lixile, siempre lixile).

     Me he quedado con las ganas de empaparme mucho más de la gente. Lo haré cuando regrese; me saltaré el freno protector de Jesús y me mezclaré con ellos, aunque bien sé que nadie de fuera, ni siquiera Vicente Berenguer, el cura valenciano que lleva allí 41 años, podrá ser nunca uno de ellos. Ya me lo anticipó Vicente, al que ya siento mi amigo: “Todo el que viene a África con los ojos abiertos termina tocado”. Tocado y hundido.

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