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Los 45 niños procedentes de Bielorrusia llegarán mañana a su destino tras dos días y medio de viaje
Diana Martín Nieto - Segovia Algo se muere en el alma si se trata de un amigo, pero la despedida puede ser incluso más dura si quién se va es una persona que, en poco tiempo, se ha convertido en un hijo, un hermano, un nieto, un primo o un sobrino.
Después de casi dos meses de estancia en Segovia, la mayoría de ellos en El Espinar, los 45 niños de Bielorrusia partieron ayer hacia sus casas tras un período que ha trascurrido sin ningún incidente. El viaje que les aguarda es largo: dos días y medio de duración. La llegada a Minsk, la capital del país, está prevista para mañana por la mañana.
Según Valentín Bravo, organizador de esta iniciativa solidaria que ha cumplido este año su novena edición, “el momento de la despedida es siempre muy duro y no faltan las lágrimas”. Muchos de los chavales dejan en España no sólo amigos y una familia sino, también, una vida más agradable. Bravo asegura que “muchos viven en orfanatos y otros tienen que soportar situaciones muy difíciles en sus casas”.
El mayor problema para ellos es el de la alimentación que, sumado a la debilidad de su salud, hace que la estancia en Segovia sea no sólo una experiencia sino, también, “una forma de reponer fuerzas. Aquí los niños mejoran sus defensas y en invierno se les nota que están más fuertes, se constipan menos”.
Por ello, muchas de las familias segovianas que les acogen durante el verano no pueden evitar romper la norma de treinta kilos de peso máximo para el equipaje de vuelta y llenan las bolsas de los pequeños de comida, especialmente dulces, y ropa. “La mayoría les da también dinero”, señala Bravo que se justifica diciendo que “para nosotros son cantidades insignificantes mientras que para ellos es mucho”.
Las 45 familias segovianas, de las que sólo cinco se estrenaban este año en la experiencia mientras que el resto repetía, aseguran que el balance es muy positivo y que seguirán en contacto con los niños. Además de hacerlo por teléfono, son muchos los que se plantean unirse a un viaje a Bielorrusia, una iniciativa que ya se ha hecho anteriormente, para ser ellos, esta vez, quienes se acerquen a las casas de los chicos y a su forma de vida.
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