El municipio de El Espinar revive el quehacer de los antiguos gabarreros en la novena edición de su fiesta C.G.Q. - El Espinar Y el eco de las hachas volvió ayer a los montes de El Espinar, concretamente en San Rafael, en la zona cercana al colegio, que acogió buena parte de los actos de la Fiesta de los Gabarreros. En la explicación de las labores que allí se exhibían se comentó que, hace años, el sonido de los hachazos de los gabarreros era habitual en los montes de este municipio, cuyas gentes llevan 700 años conviviendo y cuidando sus árboles y su vegetación y fauna, en la llamada ‘cultura del monte’.
Eran tiempos en los que ser gabarrero era una forma de ganarse la vida y en la que “los niños de ocho y diez años, justo después de tomar la Comunión, tomaban el borriquillo como compañero y la gabarrería como oficio”. La Fiesta de los Gabarreros incluyó ayer distintas exhibiciones, amenizadas por la Escuela de Dulzainas y el Grupo de Danzas de El Espinar y el grupo de folclore charros Mariquelo, cuyos componentes lucían espléndidos trajes tradicionales. Cientos de personas acudieron a ver cómo se cargaban los leños en los carros, a la antigua usanza, cuando llevados por bueyes transportaban entre tres y cinco metros cúbicos de madera, e lugar de los 25.000 a 50.000 que pueden trasladar ahora los camiones. La sesión, en una jornada en la que el buen tiempo fue también protagonista, continuó con el derrame, descopado y tala de un árbol. El gabarrero José Muñoz escaló entonces un pino silvestre, de unos 15 metros de altitud, que procedía de una finca en la que se va a construir y que estaba clavado al suelo, ataviado con ropas a la antigua usanza, botas con pinchos y una cuerda para ayudarse a subir. Tras concluir estas tareas, dos antiguos gabarreros procedieron a cortar el pino con un tradicional trozador, trabajo que se concluyó con una sierra eléctrica. Y con el grito de ‘Árbol va’, el pino cayó al suelo. Fue entonces cuando se peló con peladoras, y, después de cargar los palos a un carro se inició el desfile por las calles de San Rafael, para llegar a la Plaza de Castilla. Allí, y después de la lectura del pregón, a cargo del director del Open de Tenis Villa de El Espinar, Javier Martínez, comenzaron exhibiciones de corta, ante la asistencia de cientos de personas, entre las que se encontró el delegado territorial de la Junta, Luciano Municio. |