Cientos de espinariegos y turistas asisten a las exhibiciones de los antiguos trabajos del monteM. A. L./SEGOVIA Al llegar al parque cercano al campo de fútbol, el público que acudía a ver la muestra de los oficios de los leñadores veía primero a El Mariquelo, el charro salmantino montado en su caballo que ya es parte intrínseca de la fiesta. Y al primero que escuchaba era a Cipriano Torrego, que iba explicando en qué consistía cada trabajo mientras los gabarreros los iban ejecutando.
Entre los pinos, dos carros tirados por mulas y un pony dispuestos para arrastrar la madera destacaban entre el gentío y los grupos de música (siete dulzaineros y cuatro tamborileros) y danzas, mientras los hombres cargaban los carros, igual que se hacía en torno a 1920, aunque entonces era frecuente, señaló Torrego, que los carros con ruedas de madera «se quedaran atrampalados entre el barro y la nieve». Hoy todo ha cambiado mucho. La maquinaria ha reemplazado a las hachas y sierras a dos manos y los cinco metros cúbicos de madera que, como mucho, cargaban los carros de bueyes son ahora 25 toneladas en un camión capaz de llegar casi hasta las zonas de corta. Pero ayer de lo que se trataba era de recrear de alguna manera las antiguas formas, el esfuerzo de los gabarreros con las hachas o los azadones, el oficio que mantenía ya hace más de siete siglos a los pobladores de esta parte de la sierra cortando árboles, sacando y arrastrando la madera y haciendo leña. Entre sol y sombra, los mayores guiaban ayer a José Muñoz cuando se puso los pinchos en las botas para subir a la copa de un pino de 15 metros: «Da con el pincho, no basta con arrimarlo a la corteza». A medida que subía, cada vez con más dificultad porque la corteza va adelgazando, abajo se iba haciendo el silencio. Y José, ya sujeto arriba, comenzó a descopar el árbol con golpes certeros del hacha mientras una mujer mayor, en voz baja, le decía a su compañera que hubo muchos otros antes y que uno de ellos, «ése sí que era una araña», por cómo trepaba a los pinos. El tronco clavado En pocos minutos, el árbol, que no estaba enraizado sino clavado y afianzado en la tierra con unos tacos de madera porque había sido extraído de una finca que se iba a urbanizar, estaba listo. La copa cayó a plomo al lado de la carretera con un ruido seco de ramas rotas. Después, dos veteranos gabarreros comenzaron a talar el tronco cerca de la base con una sierra de dos mangos, pero como no estaba afilada el trabajo lo terminó el mismo José Muñoz con una motosierra. Al grito de !árbol va! todos los asistentes estaban avisados de que caería hacia el mismo lado que la copa. Muy poco tiempo después, el trabajo de los jóvenes dejó limpio de corteza y desnudo el tronco. Estaba listo para acarrearlo. 2 comentarios. TENGA EL VALOR ALCALDE Propongo al Sr. Alcalde que tega el valor de realizarse una foto como la que ilustra esta noticia talando los cedros de la Plaza de la Constitucion (una vez retirados los nidos de las ciguenas). Como acompañante de la sierra puede invitar al arquitecto redactor del proyecto. ¿Si es que existe? TENGA EL VALOR ALCALDE Propongo al Sr. Alcalde que tega el valor de realizarse una foto como la que ilustra esta noticia talando los cedros de la Plaza de la Constitucion (una vez retirados los nidos de las ciguenas). Como acompañante de la sierra puede invitar al arquitecto redactor del proyecto. ¿Si es que existe? |