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El Norte - CARLOS ÁLVARO/SEGOVIA
Franco inauguró el primer túnel en 1963 justo el día en que cumplía 71 años
Los periodistas que ayer visitamos las entrañas del tercer túnel de Guadarrama tuvimos la sensación de estar viviendo un ‘momento histórico’, expresión que ahora aplicamos a cualquier circunstancia que consideramos irrepetible, aunque en realidad no lo sea. Pero es que, tratándose de los túneles de Guadarrama, es inevitable volver la vista atrás, echar mano de la hemeroteca, y recordar los actos de inauguración del primer y el segundo túnel, acontecimiento que tanta repercusión tuvo en la España del tardofranquismo.
El primer túnel que se construyó es el que hoy día utilizamos los que vivimos en la meseta norte para viajar a Madrid, el mismo que a partir de febrero será reversible y servirá para otorgar fluidez a la circulación congestionada. Costó 500 millones de las antiguas pesetas, y, según se ha dicho siempre, en su perforación participaron presos políticos del régimen, que trabajaron en unas condiciones muy distintas a las de ahora. El túnel, glosado y alabado en el NO-DO hasta la saciedad, fue inaugurado por el general Franco la tarde del 4 de diciembre de 1963, precisamente el día en que el dictador cumplía 71 años.
El Caudillo llegó sobre las cinco de la tarde a la boca sur del túnel, en la vertiente madrileña de la sierra, y penetró unos metros en su interior para proceder a cortar la cinta con los colores nacionales. Acto seguido, ’su excelencia’ subió de nuevo al automóvil y recorrió el túnel hasta la boca norte, ya en Segovia, donde visitó las instalaciones construidas por la empresa concesionaria, según relata EL NORTE DE CASTILLA del 5 de diciembre de 1963.
La infraestructura comunicaba ambas Castillas, la Vieja y la Nueva, y para los segovianos se abría una nueva época, pues vieron disminuido sustancialmente el tiempo de viaje a Madrid. La actividad turística de Segovia también lo notó.
El segundo, en 1972
El 17 de julio de 1972, un día antes de los fastos conmemorativos del alzamiento militar de 1936, el jefe del Estado regresaba al Guadarrama para inaugurar el segundo túnel bajo la sierra, que es el que hoy utilizamos cuando viajamos en sentido La Coruña. En esta ocasión también se puso en servicio el primer tramo de la autopista A-6, entre Villalba y El Caloco, una obra que, a juzgar por el entonces ministro de Obras Públicas, Gonzalo Fernández de la Mora, era un ejemplo de «fecunda simbiosis entre la Administración y la empresa privada». El nuevo túnel ya salió el doble más caro que el primero, pues su ejecución costó mil millones.
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