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miércoles, 27 de septiembre de 2006 |
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Bárbara Carvajal - El Espinar Alfonso Romera Fornovi lleva dedicado a la educación dramática más de treinta años
Cuando se buscan las herramientas necesarias para que un actor pueda sacar de dentro todo lo necesario para saber transmitir, hay personas que tienen una magia especial para orientar en la búsqueda de esos recursos. Esa es la labor que Alfonso Romera lleva desarrollando más de treinta años como profesor de Arte Dramático en las escuelas de Valladolid y Torrelodones. Se define a sí mismo como “de todas partes y de ninguna” . Sin embargo hace cinco años estableció su residencia en la Estación de El Espinar un lugar “perfecto para vivir, por su belleza, por el contacto con la naturaleza y la tranquilidad”.
Su historia personal es, en resumen, un idilio con la escena y su curiosidad por descubrir los recursos expresivos le llevó a viajar a Francia en los años setenta. Allí conoció al actor inglés Roy Heart. Una persona que según él “me marcó por sus calidad humana y su profundo respeto a la interpretación”.
El año 1981 marcó un antes y un después en su vida: regresó a España y junto a unos amigos formó la compañía de teatro ‘Elfo’ con un objetivo bien definido: investigar sobre los mecanismos que podrían ayudar a mejorar la técnica actoral. De esta forma desarrollaron un método basado en el entrenamiento físico diario, en la perfección vocal y de la rítmica y lo aplicaron a sus representaciones en colegios, en las plazas de los pueblos o en auditorios.
“Se trataba también de transmitir cultura, de crecer como actores y de conectar con el público” comentó Romera con una sonrisa y explicó que “cuando alcanzamos la primera meta quise ir más allá: ayudar a los actores a utilizar esos recursos que están dentro de cada persona”.
Así nació el Centro de Investigación y Pedagogía del Actor (CIPA) que tiene su sede en la Estación de El Espinar y en el que colaboran actores de la talla de Hernán Gené o Charo Amador como profesores de cursos y talleres de clown, malabares, títeres y expresividad entre otros.
Un albergue en el que Romera actúa unas veces como anfitrión y otras como profesor y confesó que “muchas veces soy también alumno porque aprendo cada día de las personas que, como yo, aman al teatro”.
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