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Vuelta a casa tras unas vacaciones llenas de ilusión |
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sábado, 19 de agosto de 2006 |
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Los niños bielorrusos que han veraneado en El Espinar se marchan pensando en volver
Elena Gutiérrez - El Espinar Llegaron hace un mes y medio con enormes sonrisas en los labios y ayer se marcharon con lágrimas en los ojos. Los diecisiete niños bielorrusos que este verano han sido acogidos por diferentes familias espinariegas, dentro de la iniciativa que desde la parroquia se lleva realizando diez años, partieron en la mañana de ayer camino de Barajas donde cogieron un avión que les devolvería a la dura realidad de sus vidas.
Tras unos días en los que no ha faltado la diversión, la despedida de sus familias segovianas ha sido muy dura, pues “todos quieren quedarse más tiempo y al subirse en el autobús muchos me decían: haz los papeles para que podamos estar aquí más días”, cuenta Valentín Bravo, párroco de El Espinar.
Pero eso no es posible, muy a pesar suyo y aún más de las familas que les acogen, ya que “estos niños comienzan el curso el 1 de septiembre y tienen que adaptarse de nuevo a la vida de su país y al ritmo que tienen allí y no sería positivo para ellos que llegasen en la víspera de la incorporación a la escuela”.
Su máximo deseo al subir al autobús era volver al verano que viene, pues estas semanas de vacaciones son para ellos un premio gracias al que se olvidan de la dura realidad que les ha tocado vivir en su país.
La mayoría de ellos repetirán, pero los más mayores lo tendrán más difícil. Ellos eran los más tristes pues al cumplir los 18 años ya no pueden venir a España a través de este proyecto y la decisión depende de las familias que les acogen. “La cosa para ellos se complica pues hace falta un acta notarial, cuestiones de burocracia no fáciles de solucionar”, lamenta Bravo.
A su llegada a Bielorrusia, casi todos serán recibidos por sus familias biológicas, pero su despedida de las que dejan aquí “ha sido muy dura porque ya se ha establecido una relación tan estrecha entre ambas partes que la separación supone un pequeño trauma”.
Actividades
El hecho de que la mayor parte de los niños lleven viniendo ya varios años y estén muy familiarizados con el pueblo, su entorno y las actividades que en él se realizan, hace que las excursiones para conocer los diferentes lugares interesantes del municipio se conviertan en algo secundario.
Estas semanas se han convertido en la mejor excusa para la diversión. No han faltado las fiestas de El Espinar y San Rafael, los días enteros en la piscina e, incluso, algunos han tenido la suerte de pasar algún tiempo en la playa o conociendo otros países como Portugal.
Seguramente muchos de ellos y sus familias de acogida hayan planeado ya muchos de los proyectos para el próximo verano y los que no puedan regresar no olvirán nunca su estancia en tierras segovianas.
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