JOSÉ ORCAJO
La controvertida autopista de Segovia a San Rafael trae de cabeza hasta a las ovejas. Hace unos días nos enterábamos de cómo un rebaño de merinas tenía que abonar el correspondiente peaje para poder cumplir un año más con su ancestral trashumancia por la Cañada Real, porque ésta había sido invadida por la A-61 de Iberpistas.
Y es que a las pobres rumiantes hubo que montarlas en camiones para sacarlas de allí porque se les puso el hocico como churras de tanto escarbar en la brea del asfalto buscando una mísera brizna de hierba con el que alimentar sus cuatro insaciables buches. Y encima, con bronca, porque el mandao de la cabina de pago no las dejaba pasar sin llevar ruedas y una mínima de 80, desconociendo el muy burro que las ovejas tienen derecho a transitar por los sitios que se les pongan por las pezuñas, como la madrileña Puerta del Alcalá, la Cibeles, el Azoguejo segoviano y, sobre todo, por una usurpadora autopista que está haciendo su negocio a base de haber invadido, además de la cañada, la antigua carretera nacional, el pueblo serrano que cantara el Arcipreste de Hita, el restaurante de Jesús,(un saludo desde aquí) y nuestros bolsillos. Así que menos lobos, tío, y más ovejas. Carlos Bravo, portavoz del grupo ecologista Centaurea, lleva años luchando contra los abusos de esa monstruosa serpiente de alquitrán o los del topo en forma de AVE que está convirtiendo el túnel de Guadarrama en un queso de Gruyere. Y el tiempo y los tribunales de Europa, le están dando la razón. |