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El doctor Luis Reparaz vivió los días más duros de su carrera como médico en los atentados de Madrid.
El facultativo califica de “espléndido” el despliegue asistencial realizado para atender a las víctimas del 11-M.
M. Galindo - Segovia
Jueves 11 de marzo de 2004. El doctor Luis Reparaz, jefe del servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital "Gregorio Marañón" de Madrid no podía imaginar que ese día sería uno de los más difíciles de su carrera profesional cuando a las ocho menos cinco de la mañana recibió el aviso de que algo "muy gordo" había pasado en varios trenes de cercanías en Atocha, Santa Engracia y El Pozo.
Minutos después de esa hora, pudo comprobar el espanto y el horror de una sangrienta acción terrorista que llevó en poco más de dos horas a más de 500 heridos a su hospital, en una jornada en la que la solidaridad pudo sobreponerse a la náusea de un salvaje acto criminal.
El doctor Reparaz recuerda con emoción las horas posteriores al atentado como "de mucho trabajo, pero sobre todo las recuerdo con la sensación de que todo el mundo quería echar una mano, porque ante una tragedia de esta magnitud, tanto policías, como bomberos, enfermeras, conductores de ambulancias, médicos o auxiliares nos sentimos unidos ante un sentimiento que yo creo ha conseguido sacar lo mejor de cada persona".
Tras conocer la noticia del atentado, el "Gregorio Marañón", al igual que el resto de hospitales de la comunidad de Madrid, dispuso todo lo necesario para recibir el aluvión de heridos y víctimas del atentado, cuyas lesiones eran fundamentalmente relacionadas con la cirugía vascular. "Hubo muchos traumatismos vasculares, personas que llegaban a urgencias con pérdidas de extremidades y graves traumatismos internos —explicó el facultativo— pero lo más importante es que todos los médicos se dedicaron íntegramente a la atención de las personas fuera cual fuese su especialidad, porque lo más importante era la recuperación de los heridos".
Situación de guerra
La celeridad en la atención y la gran cantidad de enfermos —"era una situación de guerra", aseguró Reparaz— obligó incluso a adoptar soluciones de emergecia impensables en condiciones normales, tales como apuntar en la ropa o en el propio cuerpo de los pacientes las necesidades o el primer diagnóstico realizado antes de su entrada en la urgencia, según relató el doctor.
Tras muchas horas de quirófano y de asistencia, Luis Reparaz —que completa su actividad profesional como facultativo en el Hospital de la Misericordia en Segovia— considera que el despliegue asistencial realizado para atender a las víctimas fue "espléndido" ya que la solidaridad y el apoyo de los centros hospitalarios y la coordinación de los recursos asistenciales facilitaron la total cobertura sanitaria de la tragedia. Además, destacó el hecho de que muchos profesionales sanitarios se acercaron voluntariamente a los hospitales para ofrecer desinteresadamente sus servicios, en un ejercicio de solidaridad y de generosidad "difícilmente olvidable".
Desde su casa en San Rafael, donde descansa los fines de semana, Luis Reparaz intentará recuperarse de esta traumática experiencia, de la que aún recuerda con viveza las caras de los pacientes que tuvo que atender y la sensación de miedo que aún perdura en la población. "Ayer fui a trabajar en el metro e iba mirando a todo el mundo, como otras muchas personas, pero espero que esa sensación de miedo colectivo se vaya acabando poco a poco", explicó el doctor. |